martes, 1 de julio de 2014
Acerca del Partido Imaginario
lunes, 9 de junio de 2014
Bifo, entrevistas (extractos)
Dice que la “deserotización” de la vida cotidiana es el peor desastre que la humanidad pueda conocer. Es que se pierde -explica- la empatía, la comprensión erótica del otro. Franco Berardi, antiguo militante insurreccional en Italia, analiza aquí, como en su obra toda, la compleja relación entre procesos sociales y los cambios tecnológicos en curso.
-Usted caracteriza el momento actual como “semiocapitalismo”. ¿Por qué?
-Semiocapitalismo es el modo de producción en el cual la acumulación de capital se hace esencialmente por medio de una producción y una acumulación de signos: bienes inmateriales que actúan sobre la mente colectiva, sobre la atención, la imaginación y el psiquismo social. Gracias a la tecnología electrónica, la producción deviene elaboración y circulación de signos. Esto supone dos consecuencias importantes: que las leyes de la economía terminan por influir el equilibrio afectivo y psíquico de la sociedad y, por otro lado, que el equilibrio psíquico y afectivo que se difunde en la sociedad termina por actuar a su vez sobre la economía.
-Precisamente usted habla de la economía actual como “una fábrica de la infelicidad”. ¿Podría especificar esta idea?
-Los efectos de la competencia, de la aceleración continua de los ritmos productivos, repercuten sobre la mente colectiva provocando una excitación patológica que se manifiesta como pánico o bien provocando depresión. La psicopatía está deviniendo una verdadera epidemia en las sociedades de alto desarrollo y, además, el culto a la competencia produce un sentimiento de agresividad generalizado que se manifiesta sobre todo en las nuevas generaciones. Recientemente la Durex, la mayor productora mundial de preservativos, encargó una investigación al Instituto Harris Interactive. Fueron elegidos veintiséis países de culturas diversas. Y en cada país fueron entrevistados miles de personas sobre una cuestión simple: qué satisfacciones experimentaban con el sexo. Sólo el 44 por ciento de los entrevistados respondió que experimentaba placer a través de la sexualidad. Esto significa que ya no somos capaces de prestarnos atención a nosotros mismos. Pero tampoco tenemos tiempo suficiente para prestar atención a aquellos que viven alrededor nuestro. Presos de la espiral de la competencia ya no somos capaces de entender nada del otro.
-Es lo que usted denuncia como “deserotización” de la vida cotidiana…
-La deserotización es el peor desastre que la humanidad pueda conocer, porque el fundamento de la ética no está en las normas universales de la razón práctica, sino en la percepción del cuerpo del otro como continuación sensible de mi cuerpo. Aquello que los budistas llaman la gran compasión, esto es: la conciencia del hecho de que tu placer es mi placer y que tu sufrimiento es mi sufrimiento. La empatía. Si nosotros perdemos esta percepción, la humanidad está terminada; la guerra y la violencia entran en cada espacio de nuestra existencia y la piedad desaparece. Justamente esto es lo que leemos cada día en los diarios: la piedad está muerta porque no somos capaces de empatía, es decir, de una comprensión erótica del otro.
-¿Cuál es la conexión entre estos fenómenos con la actual dinámica del capital?
-Creo que tenemos que tener en cuenta la relación entre ciberespacio -en constante ampliación y en constante aceleración- y cibertiempo, es decir, el tiempo de nuestra mente entendida en sus aspectos racionales y afectivos. El capitalismo empuja a la actividad humana hacia una aceleración continua: aumentar la productividad para aumentar los beneficios. Pero la actividad es hoy, sobre todo, actividad de la mente. Quien no logra seguir el ritmo es dejado de lado, mientras que para quienes buscan correr lo más velozmente posible para pagar su deuda con la sociedad competitiva, la deuda aumenta continuamente. El colapso es inevitable y de hecho un número cada vez más grande de personas cae en depresiones, o bien sufre de ataques de pánico, o bien decide tirarse debajo del tren, o bien asesina a su compañero de banco. En Inglaterra, la violencia homicida se está difundiendo en las escuelas, donde en los últimos meses ha habido una verdadera hecatombe: decenas se suicidaron con un tiro de revólver. La guerra por doquier: éste es el espíritu de nuestro tiempo. Pero esta guerra nace de la aceleración asesina que el capitalismo ha inyectado en nuestra mente.
-Ante este “diagnóstico”, ¿usted encuentra una relación entre política y acción terapéutica?
-Creo que la política no existe más, al menos en Europa y en Estados Unidos. El discurso es diferente tal vez para los países de América latina, donde se asiste a un retorno de la política que es muy interesante, pero es una contratendencia respecto del resto del mundo. Lo vemos muy bien en Italia, donde hay un gobierno de centroizquierda que hace exactamente la misma política que la derecha. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué los partidos que se proclaman socialistas o comunistas están constreñidos a aceptar una política económica hiperliberal? Porque la democracia representativa ya no cuenta más y las opciones fundamentales son impuestas desde los grandes grupos financieros, económicos y militares. El vacío de la política puede ser rellenado solamente por una práctica de tipo terapéutico, es decir, por una acción de relajación del organismo consciente colectivo. Se debe comunicar a la gente que no hay ninguna necesidad de respetar la ley, que no hay ninguna necesidad de ser productivo, que se puede vivir con menos dinero y con más amistad. Es necesaria una acción de relajamiento generalizado de la sociedad. Y es necesaria una acción psicoterapéutica que permita a las personas sentirse del todo extrañas respecto de la sociedad capitalista, que les permita sentir que la crisis económica puede ser el principio de una liberación, y que la riqueza económica no es en absoluto una vida rica. Más bien, la vida rica consiste en lo contrario: en abandonar la necesidad de tener, de acumular, de controlar. La felicidad está en reducir la necesidad.
-¿Qué significa la pregunta por la felicidad como desafío político?
-La cuestión de la felicidad no es sólo una cuestión individual, más bien es siempre una cuestión de lo más colectiva, social. Crear islas de placer, de relajación, de amistad, lugares en los cuales no esté en vigor la ley de la acumulación y del cambio. Esta es la premisa para una nueva política. La felicidad es subversiva cuando deviene un proceso colectivo.
Entrevista "Capitalismo y subjetividades" de Verónica Gago, extraída de: http://www.lavaca.org/notas/quien-es-y-como-piensa-bifo/
domingo, 8 de junio de 2014
Estractos de Tiqqun
lunes, 30 de enero de 2012
El reconocimiento de la Guerra: Aforismos
domingo, 15 de enero de 2012
Hacia el fin de la máquina ciudad tal como la conocemos.
martes, 8 de noviembre de 2011
Generación Post Alfa

sábado, 12 de marzo de 2011
Arquitectura para la Heterarquía, Arquitectura de Resistencia - Algunas Ideas de Lebbeus Woods.
Lebbeus cuestiona la capacidad de la Arquitectura contemporánea para generar nuevas relaciones y comunicaciones sociales a partir del habitar. Se opone a la imposición de un programa arquitectónico como regulador y sentenciador de actividades biopolíticas. Cuestiona la complicidad de las grandes Instituciones (privadas o públicas) y los Arquitectos, que amparados económicamente en estas, operan sujetos a sus interéses de control, sugestión y manipulación de la población.
Lebbeus woods apuesta por una Arquitectura del juego, a partir del conocimiento, una Arquitectura libre, donde las funciones y actividades e incluso la conformación del espacio esté definida y modificada por el habitante autonomo. En este sentido y desde un plano filosófico, el trabajo de Lebbeus se orienta hacia la decodificación de concepciones y concreciones, más que a la reproducción y codificación de lo ya establecido.
motivo comprensible aunque no del roda perdonable: los arquitectos son especialistas en la formación de estas cualidades. Uno de los clichés asociados con este enfoque es que el espacio se diseña para ser funcional, lo que significa, en la jerga de los arquitectos, dar a todos los espacios que diseñan una forma pensada para un «programa» de uso humano.
Esto, por supuesto, es absurdo. Los arquitectos suelen diseñar volúmenes de espacio rectilíneos, siguiendo las reglas cartesianas de la geometría, y cualquiera puede observar que semejantes espacios no resultan más adecuados para ser utilizados como despachos que un dormitorio o una carnicería. Todo espacio diseñado es, de hecho, pura abstracción, más fiel a un sistema matemático que a cualquier «función» humana. Mientras los arquitectos hablan de diseñar espacios que satisfagan las necesidades humanas, de hecho son éstas las que se diseñan para satisfacer e! espacio diseñado y e! abstracto sistema de pensamiento y organización en que se basa el diseño. En el caso de los espacios cartesianos, estos sistemas incluyen no sólo la dualidad cuerpo mente de Descartes, sino también el determinismo causa-efecto de Newton, las leyes de lógica de Aristóteles y otras construcciones teóricas requeridas por los poderes sociales y políticos del momento. El diseño es una forma de controlar e! comportamiento humano y de mantener este control en el futuro. El arquitecto es un funcionario en una cadena de mando cuya tarea más importante (desde el punto de vista de las instituciones) consiste en calificar espacios que, de otro modo, quedarían abstractos y «absurdos», con «funciones» que en realidad son insrrucciones a la gente sobre cómo han de comportarse en determinados lugares y momentos.' La trama de espacios diseñados, la ciudad, es un intrincado plan de comportamiento que proscribe toda clase de interacciones sociales y que excluye, por tanto, los pensamientos y, cuando es posible, los sentimientos de los individuos.'
Un volumen rectilíneo de espacio denominado «Sala de conferencias » requiere que las personas que ocupen dicho espacio se comporten como conferenciante o como oyentes. Si alguien infringe estos comportamientos, por ejemplo, decidiendo cantar durante el comportamiento prescrito de dar o escuchar una conferencia, porque e! espacio tiene una buena acústica, perfecta para cantar, entonces el público de oyentes obedientes, o e! orador, e incluso la policía si e! infractor no desiste, presionarán al infractor para que calle. 0, para citar un ejemplo menos llamativo, si uno de los oyentes hace una pregunta (durante la sesión de preguntas y respuestas que suelen seguir a las conferencias) demasiado larga, e! público de obedientes preguntadores intentará silenciar al infractor del comportamiento prescrito de! Espacio en cuestión. En algunos casos, el hacer una pregunta con una tendencia ideológica «errónea», no proscrita y desconttolada producirá el mismo resultado. En los casos extremos, ello hará que intervenga la policía.
La justificación de la supresión de quienes infringen e! comportamiento prescrito para la ocupación del espacio diseñado queda bastante clara. El orden social ha de ser mantenido para que se pueda proteger la libertad individual (que en su mayor parte es libertad para conformarse a las normas sociales). Piensen en el pobre conferenciante, que sin duda alguna tiene algo interesante que decir, interrumpido por e! cantante, por el individuo que hace preguntas excesivamente largas, que en realidad procura usurpar e! pape! del conferenciante, por el pensador, cuyas opiniones heréticas perturban e! equilibrio cui
Los pobres arquitectos, por supuesto, apenas son conscientes de todas estas condiciones. Aislados en una tarea especializada, alabados por las autoridades superiores (clientes, jurados de premios y agencias sociales de todo tipo), por su talento en la manipulación de las cualidades abstractas del espacio y de sus formas definidoras, y al mismo tiempo, por satisfacer las necesidades de la gente (reforzando de paso el comportamiento prescrito), los arquitectos pueden vivir con la ilusión de que son los artistas primordiales y más importantes, que dan forma al espacio y a sus cualidades para un público apreciativo (obediente) de usuarios. En consecuencia, en el pensamiento y el discurso de los arquitectos, las cualidades formales del espacio predominan sobre su contenido humano, que simplemente se da por supuesto. En el caso de la sala de conferencias, los arquitectos discutirán las surilezas de las proporciones del espacio, su iluminación, el empleo de los materiales, las líneas de visión entre el público y el escenario. Pueden referirse a sus características acústicas aludiendo a sus «funciones», pero nunca cuestionarán las premisas del «programa" para el espacio: el concepto de «conferencia».
Un gran arquitecto, como Mies van der Rohe, es capaz de elevar este predominio hasta el nivel de principio filosófico. Le gustaba decir que las principales obras arquitectónicas de la historia eran los templos del mundo antiguo, cuyo espacio interior no tenía, o apenas, función humana. Eran arquitectura pura, arquitectura como religión. Su concepto de «espacio universal», que tuvo como resultado algunos de los mejores edificios modernos (los suyos) y también los peores (los de sus imitadores), también contenía insinuaciones religiosas. La arquitectura era algo por encima de la vida o, por lo menos, más allá de la confusión de las vidas llevadas en su interior." La gente llega y se va, los estilos de vida cambian, pero la arquitectura perdura, idealización del vivir. El pensamiento arquitectónico de los últimos veinte años, si bien ha hablado mucho del contexto social, incluidas la historia, las condiciones locales y demás, ha modificado muy poco su discurso.' Incluso una arquitectura que juega con los cambios de modas y las modas del cambio sigue colocando el medio por encima del mensaje. Por otra parte, uno no puede quejarse demasiado. Ello no sería sino una repetición de ciertos desastres históricos para supeditar la arquitectura a las condiciones sociales o, incluso peor, a teorías sociales de cualquier tipo. Cualquiera que haya visitado ciudades modernas que se vieron transformadas por una planificación urbanística y arquitectónica dictada por una ideología en concreto comprenderá lo unidimensional que pueden resultar estos paisajes. Los arquitectos que recuerdan los movimientos de la «metodología del diseño»" y de da defensa de la planificación" que dominaron la enseñanza de la arquitectura a finales de los años sesenta y principios de los setenta también comprenderán cómo las mejores intenciones sociales pueden salir terriblemente mal. En nombre de los principios de igualdad, se intentó aplicar directamente al proceso del diseño arquitectónico técnicas sociológicas como el análisis estadístico, pero con resultados que rivalizan con la más vulgar arquitectura socialista de los países del Bloque Oriental en su suavidad psicológicamente opresiva. La arquitectura, al fin y al cabo, ni es una rama de las ciencias sociales ni un mero instrumento de determinada política pública, ni una manifestación principalmente estética. Al mismo tiempo, no es solamente una combinación de estos aspectos considerados importantes de la práctica y de la producción. La cuestión del espacio planteada por el diseño de la arquitectura lleva en una dirección muy distinta, una que, hasta este momento, podía permanecer a salvo, oculta detrás de llamamientos, históricamente aprobados, a la ciencia y al arte.
(...)
Hasta ahora, la tarea principal de la arquitectura ha sido valorar las instituciones sociales convirtiéndolas en símbolos de una jerarquía urbana de autoridad. Hoy en día, a pesar de que, necesariamente, las jerarquías permanezcan, un nuevo tipo de orden está en auge, un orden sin símbolos: la heterarquía. La heterarquía es un sistema auto estructurador de orden, compuesto de individuos auto inventores y auto suficientes, cuya estructura cambia constantemente de acuerdo con las cambiantes necesidades y condiciones. En teoría, las formas de gobierno con representación tienden a la jerarquía, como también es el caso del sistema económico de libre mercado, aunque ambos se vean hoy seriamente comprometidos por jerarquías rudimentarias. La libertad de pensamiento y de acción es la base de cualquier sistema heterárquico y garantiza la autonomía de los individuos así como la variabilidad y la fluidez del mismo sistema. Las formas urbanas heterárquicas de la cultura acrual se inventaron como respuesta al creciente énfasis puesto en el concepto de «individuo», y gracias a desarrollos tecnológicos recientes como los ordenadores personales y los sistemas de telecomunicaciones, que debilitan las jerarquías establecidas. Hieros: lo sagrado. Heteros: el otro. La jerarquía es un sistema de orden basado en la autoridad del conjunto, que está investida en un "uno", un líder, una elite, una ideología. Las jerarquías producen monólogos, pronunciamientos que surgen de una única fuente y que irradian por todo un sistema, dominándolo. La heterarquia se basa en la autoridad de muchos. Difiere de la llamada autoridad colectiva en que sólo «uno>, ejerce la autoridad en cualquier momento dado y asume así toda la responsabilidad, no sólo de sí mismo, sino de todos los demás. (Para una exposición más amplia sobre responsabilidad. En otro momento, «otro» puede ejercer la autoridad y asumir la responsabilidad. Y así sucesivamente. La hererarquia engloba la jerarquía. No obstante, se convierte en un paisaje de autoridad que cambia continuamente. Así pues, la heterarquia siempre es dialogística."